Jugar sin hinchada

Recientemente en el fútbol una medida tomada por el comité de seguridad ha generado polémica: los partidos de la Asociación de Fútbol Argentino se disputarán sólo con la parcialidad local, es decir, sin la presencia de visitantes. Tal disparatada medida, que por cierto es más fácil que controlar a los violentos, nos ha dejado como postales desoladas tribunas o partidos donde los protagonistas juegan con sólo un puñado de simpatizantes. Dicha situación de ver deportistas profesionales jugando sin gente que los apoya, alienta (aunque en casos también implica los insultos folklóricos con los que no estamos de acuerdo) suele generar cierta sensación de abandono y hasta solemos preguntarnos qué sentirá un deportista de jugar sin gente lo que vea. Sin embargo cuando observamos la situación del handball, y en este caso vamos a hacer referencia al de Córdoba – que hemos podido analizar- el escenario parece absolutamente normal. Entonces la pregunta ¿Por qué va tan poca gente a ver los partidos de handball en Córdoba? ( e insistimos que por no conocer podríamos preguntarnos por otra federación) La semana pasada se definieron en la docta los títulos masculino y femenino y quizás el marco de público no era el que pudiera esperarse. Un puñado de familiares por bando, algunos equipos que jugaban minutos más tarde… y no mucho más. Hablamos de las finales por ser representativas, pero bien podríamos hacer referencia a la enorme cantidad de partidos en otoño y en invierno, donde además de los dos equipos en cancha y la pareja arbitral, las tribunas de las canchas están desoladas y silenciosas. Nada más duro para un deportista amateur que jugar sin que nadie lo premie. El clásico de Villa María entre Cief y Villa María Handball suele ser la excepción más fuerte de esta situación. Más de 500 personas, color, papeles, hinchadas, bombos y mucho ruido suelen acompañar acaso el encuentro más colorido de la Federación Cordobesa de Handball. O también los encuentros de importancia que un club del tamaño y la identificación como Barrio Parque suele disputar logra juntar una masa significativa de amigos, familiares y curiosos que se acercan a vivir nuestro deporte. Entonces, ¿Cuáles son las causas? Algunos podrán decir que la lejanía de las canchas donde se disputan los partidos de Liga de Honor atentan en parte contra la disposición del padre de un jugador de inferiores a que vaya un sábado a ver junto a su hijo un encuentro de handball. Otra explicación podría ser que no todos los equipos de Liga tienen inferiores que puedan ir a observarlos. O que los días u horarios de los encuentros entre semana también complican la asistencia. También hay un fenómeno que es curioso. En Córdoba no es común que los propios jugadores de un equipo observen partidos de sus adversarios. ¿Está mal visto hacerlo? ¿No hay interés? ¿horarios superpuestos? No lo sabemos. Lo que sí resaltamos es que es llamativo que por curiosidad o por cuestiones deportivas-competitivas no exista al menos ese deseo de ver el progreso de los adversarios. No obstante, lo que buscamos es pensar en soluciones. ¿Qué debe hacerse? ¿Jugarse los encuentros destacados seguidos, en un mismo escenario? ¿generar instalaciones más “céntricas”? Si queremos ganar espacios en medios, calendarios, instituciones, es necesario que el handball se “vea” o se muestre como producto, capaz de llevar un buen número de adeptos, una masa crítica que esté dispuesta a consumir dicho deporte y que sea para anunciantes, marcas o hasta inversores, atractiva. Desarrollar el deporte es, en definitiva, tarea de Todos.